Problemas con backup o copias de seguridad en Blogger

Desde hace unos 20 días realizar un backup o copia de seguridad del blog, (posts y comentarios), con Blogger se ha vuelto un problema para algunos.

El motivo de este post es que he notado que desde la salida de lo que han denominado "Páginas estáticas o Editar páginas", Blogger no recoge toda la información que está en nuestros blogs. Copia todos los posts y sólo los comentarios de las últimas entradas que se hayan realizado desde casi principio de año.
Por ahora la respuesta de Blogger es que "conocen el problema". Así que toca armarse de paciencia.

Existen pequeños programas para hacer backup, pero ninguno resulta del todo eficaz. Si existiera un método infalible los blogstar lo hubieran anunciado a bombo y platillo.

Ante este panorama lo mejor será conservar todas las copias de seguridad que tengamos, por muy antiguas que sean.

Si alquien tiene la tentación de cambiar de plataforma, dirección de blog o pasarse a un dominio propio sólo tendrá que volcar aquellos archivos más completos, (por volumen), y el último que te dé Blogger. Después se trata de tener paciencia y eliminar aquellas entradas que no estén completas con sus comentarios correspondientes.

Sí, un trabajo muy laborioso.

Blogger es así...


Elvira Lindo, Salinger y el Guardián en el centeno. Columna de opinión

Columna de Elvira Lindo con perlas muy simpáticas en su estilo colorista.

ELVIRA LINDO 07/02/2010 (El País)

El mismo día en que moría Salinger dos personas me escribieron para preguntarme si es verdad ese rumor que corre por ahí de que yo soy la autora del serial veraniego Me cago en mis viejos. No sé si es que la muerte del autor de El guardián en el centeno trajo consigo muchos coloquios del tipo "el autor del yo juvenil atormentado y sus secuelas", pero me sorprendió la coincidencia. No, no fui yo. Conociéndome como me conozco es imposible que yo fuera la autora. No por el texto en sí, que no he leído, sino por el mismo título. Ese título define un mundo hacia el que (es defecto mío) no siento desde hace ya tiempo mucho interés: los adolescentes incomprendidos.

Sufrí como una pérdida que mi hijo abandonara la infancia y viví como una gran alegría que mi hijo y los de mi marido superaran la adolescencia. Por tanto, mi particular título para una secuela de esta historia hubiera sido: "Se va a cagar en tus viejos tu puta madre". Y perdonen el lenguaje, pero en las secuelas hay que ser fiel al original.

La segunda razón por la que yo no he escrito esa historia es que, a pesar de que soy deslenguada y tengo amigos extremadamente ordinarios, jamás he usado esa expresión. A mi padre no le cuadró nunca ser "mi viejo" (¡ese pedazo de señor que lleva camino de no hacerse viejo en la vida!) y, salvo en la boca de conocidos del barrio que adoptaban ese habla cheli-yonqui (o en Argentina, donde es un término cariñoso), no la escuché demasiado a mi alrededor. Más bien se la he leído a aquellos escritores que tratan de imitar el habla de la calle y que a veces lo hacen artificiosamente. Tampoco mi hijo me llamó "mi vieja" durante su ya superada (¡bien!) adolescencia. Podría afrontar cualquier apelativo por su parte menos que me llamara "mi vieja". Sabe que en cuestiones de coquetería no me ando con bromas, es más, preferiría que se refiriera a mí como su tía, que me quita años. De cualquier manera, entiendo que haya gente a la que le divierta pensar que una escritora "popular" se esconda de pronto bajo un seudónimo, pero, ¿de verdad creen ustedes que si yo me tirara todo el verano padeciendo el trabajazo de escribir a diario no lo iba a proclamar a los cuatro vientos? Ya lo hice, y con mi nombre bien clarito, en unos textos mucho más atrevidos, por aquello de que hacían sorna de mi propia vida y la manoseaban y la transformaban con el único fin de que ustedes, los lectores, se me rieran un poco. La comedia, en fin. Esto no significa que yo viva orgullosa de mi nombre. En lo absoluto. De niña hubiera preferido llamarme Marisol (por razones obvias) y tener un apellido menos propicio a las bromas. Y ahora que me voy parte del año a otro país para borrarme del mapa me encuentro con que en este otro mundo mi nombre suena tan desfasado como el de una señora del sur en Lo que el viento se llevó. La comedia me persigue.
A mí lo que me hubiera gustado en más de una ocasión, como creo que les ocurre a bastantes personajes públicos, es cambiar de identidad. Empezar de nuevo a fin de borrar todas las ideas preconcebidas que gente que no te conoce, salvo por tu firma, tiene sobre ti. Es decir, que de vez en cuando me gustaría cortarme la cabeza, pero eso es imposible. Jugar a no ser lo que has sido es una tarea inútil. Pero la última razón, la más poderosa, aquella por la que no podría ser la autora del serial del muchacho atormentado por sus "viejos" es que habiendo sido, como fui, adolescente "Salinger", habiendo leído El guardián en el centeno a la edad que tocaba, y Seymour después del Guardián y el resto del mundo salingeriano, me resultaría muy difícil escribir sin imitar torpemente al amado autor de juventud. Sé que hay críticos que valoran mucho más los cuentos que la célebre novela. No tengo un juicio literario comparativo.
Si no he vuelto a leer desde aquellos años de instituto las desventuras de Holden Cauldfield ha sido para no estropear lo que es un recuerdo de identificación con un personaje tan poderoso. Es probable que si lo releyera empezara a empatizar con los adultos a los que el joven Holden considera "falsillos, hipócritas, interesados" y pensara, tal y como me dijo una amiga americana que también adoró el personaje: "Well, Holden Cauldfield is a jerk too" ("bueno, Holden Cauldfield también es un gilipollas"). Pero lo importante es el valor que tuvo y que sigue teniendo en ese preciso momento de la vida en que buscas, no otros mundos, sino un espejo que te devuelva clavada tu imagen.
Me hace gracia toda la poética, a veces un poco manida, que se ha escrito en torno a su deseo enfermizo de ocultación. Como si se hubiera tratado de una obra de arte, de una performance que durara cincuenta años. Sinceramente, no creo que sea tan difícil llevar una vida discreta en Estados Unidos. Hay mucha gente dispuesta a ignorarte, y el dinero permite a los multimillonarios establecer barreras infranqueables.
Leí que alguien, en una columna de un periódico neoyorquino, lo llamaba, de manera precisa, sin darle al asunto el más mínimo sentido simbólico, "un típico excéntrico americano". Sí, eso es lo que creo que fue, un excéntrico, que compuso un mundo a su medida. Primero decidió conseguir la fama y luego borrarla. Borrarse del mundo. Cortarle la cabeza a los que le molestaban, prácticamente a toda la humanidad.

Florencia Bonelli analiza su carrera como escritora. Entrevista

El diario La Nación dedicó una entrevista a Florencia Bonelli donde analiza su carrera, el boom editorial y el mundillo literario romántico.


Entrevista

Lunes 08.02.2010

Florencia Bonelli, la nueva reina de la novela rosa

Lectora antes que escritora y defensora de las historias con final feliz, se define como una romántica de sangre. En diez años publicó ocho títulos y revolucionó el mercado editorial con una carrera insospechada.



La cordobesa, de 38 años, es un éxito local. Sus libros, además, se publican en países de América Latina y Europa



Si fuera una de sus historias diría más o menos así: Sólo algo con la misma intensidad que el amor que sentía por Miguel podía llamar la atención de Florencia en ese momento. Embriagada como la tenía él con sus besos, arrinconada contra la biblioteca, ella sintió el impulso irrefrenable de girar. El vértigo la llevó a aferrarse al mueble con la mano izquierda y a la nuca de Miguel, con la derecha. Inspiró profundamente, aprovechando que él había abandonado su boca, y miró uno de los tomos. Era un libro pequeño perdido entre los anchos lomos de enciclopedias. No pudo evitar tomarlo entre sus manos. Intuyó que cambiaría su vida.

-¿Podría llevármelo? -le susurró en voz baja a Miguel.

-Claro -dijo él y siguió besándola.

Florencia correspondió a sus besos con la misma pasión de siempre, sin dejar de apretar el libro entre sus manos.

***

A Florencia Bonelli le gusta definirse como una lectora que escribe. Es mujer, lectora, contadora pública y escritora autodidacta. El suyo es un inesperado fenómeno editorial tan venerado por un público fiel como ignorado por la crítica y el mundillo literario. Tiene ocho títulos publicados, algo así como cien mil ejemplares vendidos en la Argentina, gran repercusión en América latina y éxito creciente en Alemania, España y Portugal. Tiene, también, una increíble capacidad para asumir sus limitaciones literarias y capitalizarlas a su favor.


El prólogo de su vida de escritora fue escrito por tres hombres: su papá, un tío y su esposo. Nació en Córdoba capital, el 5 de mayo de 1971, hija de Eileen -profesora de inglés- y Roberto -ingeniero civil-. Con el tiempo se convirtió en la hermana mayor de Carolina y Lucas. Eran una típica familia de clase media -"re-media"- que, entre su casa de Córdoba y un "ranchito" construido por su padre en Villa Carlos Paz, vivían tiempos de felicidad.

Lo de la literatura se lo debe a su papá. El hombre era un convencido de la riqueza que los libros podían darles a las vidas de sus hijos. Era él quien les contaba el cuento de cada noche. Y fue él el que les regaló un ejemplar tras otro: Las Fábulas de Esopo, la colección Robin Hood, la biblioteca Billiken. Después, un tío continuó la evangelización y le llenó la adolescencia de best sellers de Sidney Sheldon. Fue, recuerda, un punto de inflexión.

A los 17 años fantaseó con estudiar Letras, pero el único futuro que imaginaba la mostraba como docente. Y a ella la docencia no le gusta. Después de todo también le gustaban las matemáticas, así que decidió estudiar Ciencias Económicas. Así conoció a Miguel, un compañero cinco años mayor, que era contador y cursaba Administración de Empresas. Dos años después eran novios. Al tiempo se instalaban en Buenos Aires. El 6 de diciembre de 1997 se casaron.

La escena de la biblioteca existió, sin tanto almíbar, mientras Florencia y Miguel estaban en la casa de los padres de él. Ahí encontró, cuando su marido la besaba, una edición de El árabe ( The Sheik ), de Edith Hull.

-Apenas lo vi intuí que ahí había romance. Lo llevé y no pude parar. En la oficina, lo ponía abajo del escritorio para poder leerlo. Era una obsesión.

Atrapada por la historia de la mujer raptada por un sheik que termina enamorándose de su captor, Florencia le dijo a Miguel que tenía la cabeza llena de escenas. Y él le contestó: ¿Y por qué no las escribís?

***



Es 1997. Florencia Bonelli llega a su casa después de trabajar todo el día en la Comisión Nacional de Comunicaciones. Prepara la cena, come con Miguel, lava los platos y se pone a escribir. En una computadora prestada, lo primero que tipea es: "Cuando Antonina subió al barco no sabía que estaba embarazada". A deshoras, sin más formación que la que pueden dar miles de novelas rosas, empieza a enhebrar los besos, las miradas y las intrigas de su primera novela. Le sale algo muy parecido a lo que suele leer. Por eso no duda cuando tiene que devolver la computadora: copia lo escrito en un diskette y sale con Miguel a comprar una máquina propia: una Packard Bell -una gran caja de chapa y plástico a la que llamarían "El elefante"- que les cuesta 1300 pesos. Y por 600 más se llevan una impresora.

-Una inversión total de casi 2000 mil pesos. O dólares- apunta la implacable máquina de dar precisiones numéricas que es Miguel.

-Eso fue lo que costó que fuera escritora -dice la eterna enamorada que es Bonelli.

***

Su día de trabajo empieza después del desayuno. En una habitación de su departamento con escritorio y biblioteca. Trabaja mirando fotos de gente, recortadas de libros o revistas, que usa como modelos para sus personajes. Siempre escucha música. Beethoven, Tchaikovsky, Mozart o Brahms. Trabaja con el único límite de tiempo que impone el hambre, que aparece a eso de la una. Se prepara algo para comer. Hace orden en la casa y sale a caminar. Siempre con la libreta en el bolsillo, por si aparecen ideas. Después, alguna compra y de vuelta a casa. Escribe un rato más. Prepara la cena. Come con su marido y se acuestan. Con la libreta de las ideas sobre la mesa de luz.

Suele leer en la cama. Pero durante el proceso de escritura de sus novelas de amor no puede leer una novela de amor. Si lo hiciera se tiraría en la cama a leer todo el día. Ahora, cuando no hay una historia propia que la desvele, la desvelará una ajena. Una de Kathleen Woodiwiss o de Virginia Henley.

***

Es diciembre del 97. Bonelli pone punto final a la historia de su propio árabe. Dos meses después pone punto final a su carrera como contadora. Y un día, con algo del heroísmo y la turbación de sus personajes, agarra las Páginas Amarillas. En la E de editoriales se pone a buscar a alguien que quiera publicar su historia. Al poco tiempo, el manuscrito con el trabajo de un año ya está en el despacho de algunos editores y en los tachos de basura de otros. Hasta que se produce el milagro: logra hablar con una editora de Javier Vergara Editores, "la" editorial de la novelas románticas. La novela está bien, le dicen, pero buscamos algo más histórico.

Algo más histórico era lo que estaba escribiendo. Hacía meses que preparaba una novela ambientada en la época de Rosas que finalmente Vergara publicó en noviembre de 1999. Bodas de odio tuvo una tirada de nueve mil ejemplares, de los cuales unos 1800 se vendieron en el país. El resto, en España, México, Venezuela, Puerto Rico y Colombia.

Cuatro años más tarde Plaza & Janés publicaba Marlene. Y en 2005 llegó la consagración con Indias Blancas (Plaza & Janés), la historia de una mujer de linaje intachable que comete el error de enamorarse de un indio ranquel. El mismo año se publica la segunda parte: Indias Blancas. La vuelta del ranquel.

En 2005 firma contrato con su tercera editorial (Santillana) que en 2006 publica Lo que dicen tus ojos, aquella primera novela escrita en una computadora prestada, que permanecía inédita. Luego llegarían El cuarto arcano y El cuarto arcano. El puerto de las tormentas (2007) y Me llaman Artemio Furia (2009).

Diez años. Ocho libros. Una carrera insospechada.

***

La melena carré, las cejas arqueadas, los pómulos vigorosos. El collar de perlas, los aros de perlas y el anillo, con una perla. Sentada en el sillón de su departamento de Belgrano y custodiada de cerca por Miguel, Bonelli dispara con la delicadeza de una princesa de cuento algunas ideas que en boca de otra persona causarían estupor. Dice que está convencida de que si hubiera hecho la carrera de Letras hoy sería una frustrada. "Es que cuando te pasás la vida estudiando a los grandes te sentás a escribir queriendo ser grande como ellos y te frustrás. Porque es imposible." Sube la apuesta: "Reconozco que en el ambiente literario nadie me da pelota. Como que no existo. Es muy raro que me hagan una crítica. Y si la hacen, es para matarme".

La novela romántica es al mundillo literario lo que un colorido y artificial jugo en polvo puede ser a una bodega de vinos premium. Las críticas pueden tener la forma de violentas defensas a la alta literatura o la ferocidad solapada del ninguneo. Personajes estereotipados, historias previsibles, tozudos finales felices... dicen. Estoica, Bonelli acepta el juego y responde.

-Los personajes estereotipados a nosotras no nos molestan.

-Nosotras ¿quiénes?

-A mí y a mis lectoras. A mí como lectora no me molesta. Reconozco la grandeza de algunos personajes y que otros son medio mediocres, pero son fantásticos.

-También se critica que las historias pueden resultar algo previsibles...

-Final feliz siempre. Sabemos que los personajes van a terminar juntos, el chiste es cómo van a llegar hasta ese final. Cómo sortean los problemas, quiénes los van a querer separar... A otras personas les gustará leer una literatura más filosófica... A nosotras nos gusta esto. Y bueno, historias previsibles, sí.

-¿Tus lectoras no soportarían un final abierto o trágico?

-Te explico: cuando sos lectora de novelas románticas las lees poniendo el cuore, sin dormir de noche y viviendo de delivery porque no te podés despegar del libro ni para cocinar. Cuando lo terminás, con final feliz y todo, quedás medio nostálgica. Estás como una semana extrañando a los personajes.

Ocurre. De repente es una fanática del amor. Revolea los ojos. Suspira. No habla de sus lectoras. Habla de ella misma. Habla de lo bajo, bajísimo, desleal que sería un final que no fuera feliz. Habla de eso y ensombrece.

-Por ejemplo que Red Buttler, el gran personaje de Lo que el viento se llevó termine como termina a mí no me gustó. ¡Me quería matar! Esta estúpida de Scarlett enamorada de este otro idiota cuando tenía a semejante hombre... ¡Y cuando se da cuenta de que lo quiere el otro se va! Tenía ganas de tirar el libro por la ventana. Leer una novela romántica no es simplemente lectura. Involucrás muchos sentimientos.

-Sigamos con las críticas: las autoras de novelas románticas tienen pocas aspiraciones literarias.

-Nunca las tuve. Por eso digo que soy una lectora que escribe. Y escribo lo que me gustaría leer. Y coincide con el gusto de otras mujeres.

***

En la misma casilla de Yahoo en la que recibe noticias de su marido cuando está de viaje, se mantiene en contacto con parientes o coordina entrevistas, Bonelli tiene los mensajes de unas 1500 mujeres. Algunas le escriben desde 2005. Otras se suman a un ritmo de dos por día. A ellas les responde, siempre. Antes que a su marido, a sus parientes o a los medios. Deslumbradas, piden que confirme si es la mismísima Bonelli la que contesta. Se convencen cuando, algún día, pueden sentarse a tomar un café con ella. Y hasta hacerse amigas. Porque entre románticas se entienden.

Las hay vergonzosas, que compran los libros con pudor y forran las cubiertas -con hombres de pectorales sudados y mujeres de escotes arriesgados- para no ser juzgadas. Las hay orgullosas, que lucen sus tomos con hidalguía y se atreven a llorar a moco tendido en subtes y colectivos. Son las lectoras de novelas rosa. Románticas hasta los tuétanos que al enamorarse de un libro sienten que alguien las entiende. A ellas, dice Bonelli, les debe todo. A Dios y a ellas.

***

-¿Cómo definirías tu estilo?

-Como simple. Lo único que quiero es que se entienda lo que quiero decir. No uso recursos raros. ¿Viste como escribía Camus? Historias maravillosas, sin frases confusas ni párrafos largos, con pocos adjetivos...

-¿Tu estilo es como el de Camus?

-No, por supuesto que no, por Dios. El era un genio. Quiero decir que no hace falta ser complicado para ser escritor. Mi estilo es universal, para que todos lo entiendan. Además, no me sale escribir raro. Si los dientes son blancos no son perlas, son dientes blancos. Fui así desde que me enseñaron metáforas en sexto grado y dije: "¡Qué estupidez esto!"

-Es muy común que hagas cruzar a los personajes de una novela a otra...

-Te enamorás tanto que te cuesta soltarlos. Me cuesta muchísimo descolgar la foto de los personajes de la pared de mi escritorio. Y a las lectores les pasa lo mismo.

-¿Qué importancia tiene el sexo en tus historias?

-Es muy importante. El sexo es una parte importantísima del amor de pareja y tiene que estar en su justo equilibrio.

-Siempre como consecuencia del amor...

-Por supuesto. La infidelidad entre los personajes está prohibida. Tiene que ver con que una vez que descubrís el amor verdadero, que no es fácil de encontrar, no tiene sentido tirar todo por la borda.

-¿Escribís sobre un mundo que existe o un mundo que te gustaría que existiera?

-Hay de todo, hay personajes extremadamente luminosos y extremadamente oscuros. Es como la vida...

-En la vida no hay siempre final feliz...

-Pero en mis historias da la casualidad que sí. Si escribir un final feliz es crear una trama utópica para lo que es el mundo, bueno, está bien. Es lo que nosotras queremos.

-Nosotras ¿quiénes?

-Yo y mis lectoras.

***

Llaman de la revista de Susana Giménez. Quieren hacerle una entrevista. Florencia corre a atender.

-Me dijeron que Susana es fanática de mis libros.

Miguel baja a abrir la puerta.

-Decime Miguel, ¿vos leés los manuscritos de Florencia o los libros publicados?

Traga. Sonríe.

-Yo nunca leí un libro de Florencia.

Lo que podría ser una catástrofe no lo es: diplomático y sincero a la vez, explica que lo que su mujer escribe no es lo que le gusta leer. Que él no lee ficción. Pero, aclara, puede contar cada una de las historias. Florencia le habla de los personajes mientras comen. Le habla, como si hablara de vecinos, de familiares. Porque son familiares. ¿O no?


Artículo:Leonardo Blanco para el diario La Nación
Foto: Verónica Iglesia

Gracias LadyMarian


Definición mega sellers. Incidencia en el mercado editorial.

El diario La Nación (Argentina) realiza un interesante artículo donde habla de los "mega-sellers", libros que a causa del boca a boca se convierten en éxito de ventas, y su incidencia en la industria editorial.


Los "megasellers", un éxito asegurado

Se consolida la figura de escritores que garantizan entre el 15 y el 40 por ciento de las ventas de una editorial
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Susana Reinoso
LA NACIÓN

En el mundo se edita un libro cada 30 segundos, según coinciden medios españoles. Pero apenas un puñado de títulos publicados tiene posibilidad de alcanzar a millones de lectores.

En una tendencia surgida en España, la industria editorial llama ya "megasellers" a los libros que comienzan con ventas apenas perceptibles y, por el boca en boca, un día están sorpresivamente en los oídos de todos.

Así, se consolidan escritores que les aseguran a las editoriales un caudal y un ritmo sostenidos de ventas, que en muchos casos significan entre el 15 y el 40 por ciento de las ganancias anuales de un sello.

Por encima de los 50.000 ejemplares vendidos, un título es hoy un "megaseller" en la Argentina. Aunque hay editores que sitúan ese piso en 80.000 ejemplares. Pero en España la base de venta trepa a 150.000 ejemplares y la cifra puede multiplicarse varias veces como techo. Es el caso de la saga de Millenium , que lleva vendidos más de tres millones de ejemplares en la península.

Autores como Dan Brown, Stieg Larsson, Stephenie Meyer, Ken Follet, Ildefonso Falcones, Arturo Pérez Reverte, Paulo Coelho e Isabel Allende, en el nivel mundial. O Marcos Aguinis, Alejandro Dolina, Claudia Piñeiro, Florencia Bonelli, Gabriel Rolón y el pastor y psicólogo Bernardo Stamateas, entre los locales, son "megasellers" con ventas de entre 50.000 ejemplares y 150.000 unidades por título.

Y no es preciso ser un consagrado para ser un autor hipervendedor. Ari Paluch vendió más de 150.0000 copias de El combustible espiritual , cuyos mensajes sintonizan el espíritu que hace 11 años impuso FM Milenium.

Las cifras en relación con este fenómeno editorial son siempre grandilocuentes. Mientras la ganancia diaria de Coelho se estima en los 3600 dólares diarios, Allende ha vendido 51 millones de ejemplares de su obra en todo el mundo.



Los autores "megasellers" llegan a sostener, en tiempos de crisis, buena parte de la facturación de un sello editorial, lo que le confiere aire a la hora de armar el plan de publicaciones del siguiente ejercicio, con autores de tirada más reducida.

Según los editores consultados, pese al caudal de libros publicados hoy se registra una alta concentración de ventas en pocos títulos.

■ Frente al fenómeno de los "megasellers", ¿quiénes ganan y quiénes pierden con este fenómeno editorial?

Ganan las grandes superficies de exhibición -supermercados y shoppings- y, según las fuentes consultadas, pierden las librerías pequeñas y medianas, que no tienen tanto espacio para mostrar su oferta y apuestan a otras estrategias de ventas.

Consultado por LA NACION, el director editorial de Grupo Planeta en Buenos Aires, Ignacio Iraola, aportó un dato curioso: "Las ventas de las grandes editoriales están cada vez más concentradas en grandes superficies. La gente ve el ranking de los más vendidos y eso les genera interés. Diría que los «megasellers» generan más ventas por curiosidad". Y agregó: "Es mucho más sencillo generar que un libro suba de 20.000 a 50.000 ejemplares que uno de 500 copias vendidas pase a 2000. La curiosidad genera masividad".

Para Pablo Avelluto, director editorial de Random House Mondadori, esa casa vende entre cuatro y cinco millones de ejemplares por año. Pero, agregó, "un libro exitoso, que vende algo más de 100.000 copias, representa apenas un 2,5% de la venta en unidades". Avelluto no comparte que en la Argentina se pueda hablar de "megasellers", aunque sitúa como tal a su autor Marcos Aguinis.

Con datos de un prominente librero de Buenos Aires, los 100 títulos más vendidos de su oferta exhibida representan el 20% del total de las ventas de esa cadena. De ello podría deducirse que el restante 80% son decenas de otros libros cuya venta no decae mes tras mes, aunque sus cifras resulten remotas frente a las de los "megasellers".

El director de Ediciones Generales de Grupo Santillana, Augusto Di Marco, señaló que los temas que se convierten en "megasellers" son muy diversos. "Puede ser un clásico indiscutido, sinónimo de alta literatura, y, en el otro extremo, un libro de temas más populares que están en boca de todos y marcan la tendencia más masiva en el mercado en un momento determinado."

Di Marco sitúa también entre los títulos muy vendidos por esa casa editorial a José Saramago, Mario Vargas Llosa, María Elena Walsh y Julio Cortázar, un extraordinario escritor que, con Papeles inesperados, se convirtió en un "megaseller" post mórtem.

El gerente comercial de Ediciones B, Fernando Peralta, no comparte que, en la actualidad, las mayores ventas se hayan concentrado en pocos títulos: "El «megaseller» es un fenómeno poco frecuente y difícilmente previsible. El mayor porcentaje de las ventas de una editorial sigue siendo su fondo. Por lo general, un libro muy vendido es adquirido por un público que no consume libros habitualmente", explicó.


►Ejemplos sobre megasellers más recientes:

STEPHENIE MEYER (EE.UU.)

* Edad: 35 años

* Obra cumbre: Crepúsculo

* Ventas: 25 millones de ejemplares

PAULO COELHO (Brasil)

* Edad: 62 años

* Obra cumbre: El alquimista

* Ventas: 65 millones de ejemplares

JULIO CORTAZAR (Argentina)

* Vivió: 1914-1984

* Obra cumbre: Rayuela

* Ventas: 5000 ejemplares en 3 meses

Gracias LadyMarian...

 
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